| Viaje a Palencia : Etapa 4 Aguilar de Campoo- Rueda de Pisuerga (38 kms) |
| Cicloturismo - A partir de tres dias (Grandes recorridos) |
| Escrito por Moreno |
| Martes, 24 de Enero de 2012 20:17 |
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Salimos de Rueda de Pisuerga remontando el rio Muda en dirección a San Cebrián de Muda, allí nos encontramos con la Iglesia de san Cornelio y San Cipriano, cuya espadaña ya nos señala que estamos ante un templo románico, austera y con su estructura habitual de tres cuerpos. El próximo destino era el valle de la Castillería y para eso teníamos que cruzar la Sierra de Corisa a través de una pista que serpenteaba por la montaña. El reto se nos presenta enorme y la armonía de sus montañas nos animaba a abordarlo. Esta montaña nos hace pequeños, estamos en tierra donde abunda el lobo y es frecuente la presencia del oso. Justo a la salida de San Cebrián de Muda, y una vez que hemos cogido la pista con la que saltaremos el monte, nos encontramos con la Reserva del Bisonte Europeo. Fue una pena que el día en que pasamos no estuviera abierto, porque a uno le recuerda su infancia de indios y de bisontes, y la curiosidad por ver a ese magnífico animal le invade. La pista se endereza y la pequeña casa que llevamos a cuesta se asemeja a un remolque difícil del que tirar. hay que echar el pie a tierra, sin complejos, sufrir más de lo necesario te inhabilita para disfrutar del viaje. Arboleda a ambos lados, naturaleza pura, camino de pastores y hechuras de bosque solitario. Una vez que llegas a la loma, puedes divisar a lo lejos el pico de Valdecebollas y la vecina Cantabria que no se haya muy lejos. La bajada hasta el valle de la Castillería es serena sin grandes desniveles, así que el viajero puede detenerse en el paisaje limpio de edificaciones , algo que el aluchero ya estaba echando de menos. Herreruela de Castillería que es el primer pueblo del Valle de Castillería o el ultimo ya que ahí se acaba la carretera, es una pequeña aldea rodeada de bosques y aposentada en un recodo de la montaña, donde nos encontramos alguna casona de piedra que le dan un porte señorial, a un pueblo que como sus hermanos es eminentemente ganadero. Aquí en este pueblo pudimos saborear el pausado arte de la conversación, al que somos muy aficionados y que dominamos sobradamente sobre la barra de un bar. Siguiendo el curso de ría Castilleria, llegamos a San Felices de Castillería , cuya iglesia tardorromanica de San Lorenzo se alza sobre una loma, y que parece esperar la visita de los viajeros, con esa solemnidad tan presente en el románico. El valle de la Castillería se acaba pronto y la carretera desemboca en una más grande a las orillas del Embalse de Requejada. Cogemos dirección Cantabria y poco a poco vamos ascendiendo, hasta que dejamos esta vía a cambio de una olvidada carretera cuyo primer pueblo es San Salvador de Cantamuda. En Salvador de Cantamuda está la Iglesia de El Salvador, una Iglesia cuya Espadaña merece solo una visita. La solemnidad de este templo que yergue tieso a las afueras del pueblo, es una de las estampas más bellas del pueblo. Estas tierras pertenecientes a la comarca de la Pernía , campos que formaron parte de la fase inicial de la reconquista, conservan la austeridad y la gallardía de aquella época. Un paisano que se acerca era lo que necesitaban los Alucheros, para que el retrato fuera completo. De San Salvador de Cantamuda partimos por una pausada carretera en busca de La Abadía de Lebanza, que es el final de una carretera sin salida, a la que tan aficionados somos los Alucheros. Al final del camino siempre hay una senda por la que andar, y desde allí ascenderíamos a la parte más alta del viaje, golpeados por los aullidos del viento. Antes de llegar a la Abadia , en Lebanza , apenas unas pocas casas , que dan nombre a la cercana abadía que ostenta su apellido, pudimos darle rienda suelta al musculo vocal y fue sin duda uno de los momentos más palentinos que tuvimos. Los paisanos no acostumbrados a viajeros, nos contaron con todo detalle la vida de su pueblo, sus hazañas con el oso, su odio hacia el lobo. Es curioso observar como estas gentes poco acostumbradas al gentío mascan las palabras laboriosamente, para no olvidarse nada, para que la historia se cueza a fuego lento en nuestro imaginario. NO sabemos si el oso que les visita cada año y se pasea por el pueblo cuando el sueño les acecha, es un leyenda vivida o imaginada , pero disfrutamos escuchándola. Al final del camino se vislumbra la Abadia de Lebanza, que se ha convertido en una granja de pastoreo, donde los mastines retozan a la sombra de una enorme noguera, a la espera de peores tiempos cuando el invierno se come los días, y las alimañas andan un poco hambrientas. Al lado de la Abadía sale una pequeña pista, que se acaba convirtiendo en sendero y que nos introduce en las faldas de la Sierra de Alba. Este fue el punto más alto del viaje, unos 1500 metros a la sombra de Peña Carazo, donde el frio nos atenaza porque el viento se agita bravo. Nos lanzamos por una pista pestosa en busca de Polentinos el pueblo que se alza al otro lado de la montaña. Al llegar al Pueblo las manos todavía se quejan del camino tambaleante. Desde Polentinos cogemos la carretera que nos llevara de nuevo a la via que cogimos al salir del Valle de la Castillería. Hoy alargamos el recorrido en un trazado semicircular que nos posibilito disfrutar de la montaña palentina en toda su extensión. Una vez que llegamos al Embalse de Requejada cogimos impulso a las orillas de sus aguas, para lanzarnos al final de la etapa del día de hoy , Cervera de Pisuerga. Cervera de Pisuerga está en el corazón de la montaña palentina, y conforma junto a Guardo y Aguilar de Campo, las tres villas de referencia de esta montaña. Es un pueblo pequeño, con una pequeña plaza y unas calles a su alrededor que guardan un poco la esencia del pasado. Allí descansamos en el camping de Cervera, uno de los mejores campings del viaje, limpio, y en un sitio agradable. Hoy sin duda hemos saboreado un día de montaña, hemos recorrido caminos no transitados, hemos diseccionado las entrañas de la montaña palentina y hemos disfrutado de sus gentes. Y para que el día fuera completo dimos cuenta de una buena carne, que hay que llenar el buche, además del espíritu. |

